KINAM ejercicios prehispánicos de autoentrenamiento |
LAS POSTURAS DEL SUR
El Abanderado "Lo que se conoce como 'atlantes' son el nagual, son mujeres ensoñadoras. Representan el orden de la segunda atención que ha sido traído a la superficie. Son criaturas de guerra, pero no de destrucción." (Carlos Castaneda, El Don del Águila) Esta postura suele aparecer en estatuas que portaban banderas (de ahí su nombre) o sostenían los techos de los templos. En su forma más depurada, consiste en pararse recto, con los pies juntos y las manos a los lados del cuerpo, colocando la mirada unos 10 o 20 grados sobre el horizonte, a fin de "saturar el tonal". A partir de esta postura básica se puede desarrollar el "saludo de Anahuac", que consiste en llevar el puño izquierdo a la cadera, en gesto de "concentro mi energía", y elevar el derecho al corazón, indicando que "ofrendo mi corazón o buenos deseos". Es un saludo impersonal, apropiado para recibir las insignias patrias o los símbolos de la Toltequidad, pero no para saludar a otras personas. Una variante de esta postura, llamada en antropología "nilótica"; consiste en recoger un pie y apoyarlo en el tobillo, pierna, rodilla o muslo de la pierna contraria. El pie recogido se puede sostener con la mano. Esto nos da descanso y nos ayuda a desarrollar el sentido del equilibrio.
El Monstruo Las posturas retorcidas son comunes en el arte mesoamericano. Se asocian con Sholotl, el monstruo, la personificación del nagual. Expresan la idea de la síntesis de los elementos, representados por las cuatro extremidades. Esta postura de Sholotl consiste en que nos paremos rectos, cerramos los puños y los elevamos a la altura del pecho, el izquierdo por detrás y el derecho por delante del torso. Tomamos una honda respiración y, mientras exhalamos, nos volvemos a la izquierda, manteniendo la torsión en vacío por tanto tiempo como podamos. Luego repetimos , pero cambiando la posición de los brazos y volviéndonos a la derecha. Podemos aumentar el impacto de la postura, torciendo las piernas como se ve en la imagen, o pegando una rodilla al suelo. Esto ejerce un mayor efecto de masaje sobre los órganos abdominales y la base de la columna vertebral.
El Tullido Esta otra postura de Sholotl aparece desde muy antiguo en el arte olmeca. Representa a un devoto con aspecto de niño-ocelote, que ofrece sus energías a la Divinidad. Su forma básica consiste en pararnos con las puntas de los pies unidas y los talones separados, y encoger las piernas hasta que el peso del cuerpo descansa en las rodillas. Los brazos se retraen a los lados del cuerpo y las manos se tuercen hacia abajo, con los dedos recogidos en forma de pico de pato. Una variante consiste en colocar las manos torcidas en los hombros y, con un movimiento rápido, abrir y cerrar los brazos al compás de la respiración, a fin de ejercer un efecto de fuelle sobre los pulmones. Para contraer más aún la cavidad torácica, los brazos se pueden cruzar sobre el pecho de modo que los puños toquen los hombros contrarios.
El Cargador Esta es otra postura favorita de la plástica mesoamericana. Consiste en personas que extienden los brazos hacia arriba para "cargar" ya sea un altar o techo de templo, o bien un ciclo de tiempo, un rumbo cardinal, etcétera. En su forma más simple, esta postura consiste en pararse de pie con los pies juntos. Las manos se comban a la altura de las caderas, como si estuviéramos cargando algo. Tomamos una respiración honda y, a medida que exhalamos, las subimos hasta que quedan a la altura de la coronilla, con las palmas hacia arriba y extendidas hacia atrás. Ahí retenemos en vacío tanto rato como sea posible. Una variante de más impacto consiste en estirar las manos a modo de antena sobre la cabeza, uniendo las palmas con los dedos hacia arriba, y ponernos en puntillas de pie. Este gesto nos convierte en un canal entre el Cielo y la Tierra.
El Defensor En las artes marciales a esta postura se le suele llamar "el caballo". Consiste en disponer al cuerpo de tal modo, que pueda resistir una embestida, y al mismo tiempo tenga la flexibilidad como para dar un salto o asestar un golpe. Tiene tres grados. En el primero, nos paramos con los pies a la distancia de los hombros, llevamos los puños a las caderas y flexionamos levemente las rodillas. La atención se concentra en el ombligo y la mirada va recto al frente. Permanecemos así por cuatro o cinco respiraciones. En el segundo grado, los pies se abren un poco más y las rodillas se flexionan visiblemente. Los puños suben de las caderas a la cintura y los codos apuntan hacia atrás. El tercer grado consiste en descender aún más, hasta que las piernas forman ángulo recto, llevando los puños casi hasta las axilas. |