KINAM ejercicios prehispánicos de autoentrenamiento |
ALGUNAS POSTURAS DE LOS RUMBOS VERTICALES
El Árbol Esta postura es muy común en las imágenes de Anawak; consiste en erguir el cuerpo a manera del árbol cósmico. En su forma simple, nos arrodillamos y apoyamos los antebrazos en el suelo, a la distancia de dos palmos, las manos abiertas con las palmas hacia abajo. Bajamos el torso hasta que la cabeza queda cerca de los antebrazos, pero sin tocar el suelo. Damos un pequeño paso hacia delante hasta que los pies se acercan al rostro, tomamos impulso y erguimos el torso hasta que las piernas hasta que quedan verticales. En grados de más intensidad podemos bajar las piernas por la espalda, hasta que tocan la cabeza. Esta postura no se recomienda para principiantes.
La Llama El intento de esta postura es unificar las tres dimensiones del Cosmos: el reino inferior donde se planta la semilla, la tierra donde brota y el mundo superior a donde se proyecta su fruto. El primer grado tiene los siguientes pasos: nos acostamos con las piernas extendidas, apoyamos las manos en el suelo a ambos lados de las caderas, tomamos impulso y levantamos las piernas hasta que quedan verticales. Haciendo palanca con las manos, incorporamos el torso hasta que esté completamente recto, y lo apoyamos con los brazos a la espalda, tal como vemos en la imagen del acróbata. Las piernas pueden estar rectas o cruzadas. En un nivel de impacto superior, podemos estirar los brazos a ambos lados del cuerpo y bajar las piernas por delante del cuerpo, hasta que los pies tocan el suelo.
El Acróbata El Acróbata tiene el propósito de sostener el peso del cuerpo sobre las manos. Para ello, nos inclinamos hasta tocar el suelo, colocamos las rodillas sobre los codos, tomamos un pequeño impulso y nos despegamos del suelo, apoyando el cuerpo sobre las manos. Las piernas pueden estar rectas o cruzadas. Para bajar, invertimos los pasos: plegamos las piernas hasta que las rodillas toquen el vientre y sostenemos el peso del cuerpo para que los pies toquen suavemente el suelo. Luego permanecemos por unas respiraciones pegados al suelo. Esta postura no es aconsejable para principiantes. En caso de realizarse, hay que tener cuidado a fin de que el cuerpo no caiga hacia atrás. Si cae, hay que doblar rápidamente las piernas, para amortiguar el golpe.
Esta postura flexibiliza la espalda y aumenta la fuerza de las extremidades. Hay tres maneras de hacerla, de intensidad creciente. La primera consiste en acostarnos sobre el suelo boca arriba, plegar las piernas hasta que los pies quedan cerca de los glúteos y apoyar las manos en el suelo, a la altura de las costillas. A continuación, hacemos palanca con brazos y piernas, levantamos el torso, echamos la cabeza hacia atrás y proyectamos el abdomen. La segunda forma consiste en colocarnos de espaldas a la pared, como a un metro de distancia, y dejarnos caer hacia atrás hasta tocar la pared con ambas manos. A continuación, vamos bajando poco a poco, hasta que las manos se depositan en el suelo. La tercera forma, que debe hacerse con mucho cuidado, es similar a la segunda, pero sin la pared.
El Arquero El Arquero simboliza que el cuerpo se transforma en un arco, cuya flecha es nuestro intento. Su forma básica consiste en que nos acostamos bocabajo con los brazos a los lados del cuerpo. A continuación, inhalamos hondamente y, al exhalar, erguimos el torso, estirando los brazos hacia atrás, y también levantamos las piernas tanto como sea posible, sin separar las rodillas y los pies. El cuerpo queda descansando sobre la zona ventral. El siguiente grado consiste en flexionar las piernas y tomarnos los tobillos con las manos. Haciendo palanca con las piernas, flexionamos el torso hacia atrás tanto como sea posible. En las posturas de exhibición aparecen individuos que logran colocarse los pies sobre la cabeza, en cuyo caso los brazos hacen soporte bajo el pecho.
Esta es una postura totémica, pues consiste en montar la posición típica de un felino. En su forma básica, consiste en lo siguiente: nos inclinamos hasta que las manos tocan el suelo. Las rodillas flexionadas quedan a la altura de los codos, por la parte de afuera de los brazos; la cabeza mira hacia delante. Luego, sin mover manos y pies de su sitio, flexionamos piernas y brazos para que el cuerpo baje tanto como sea posible, y nos concentramos intensamente en un punto ubicado delante, como si estuviéramos acechando a una presa. El segundo grado consiste en estirar las piernas se estiran, bajando el torso casi hasta el suelo, pero sin tocarlo. Nos sostenemos sobre los puños y los dedos de los pies. A partir de ahí podemos montar el tercer grado, que consiste en estirar los brazos y arquear el torso , hasta que podamos mirar directamente hacia arriba. |